La escasez de agua potable es una realidad que viven algunas comunidades rurales debido a problemas de acceso, infraestructura o saneamiento. Al mismo tiempo, muchas de estas zonas enfrentan una doble presión: la falta de agua y el aumento del turismo, una actividad económica necesaria para su subsistencia, pero que también incrementa el uso de recursos limitados.
Como escaladores, cohabitamos espacios con comunidades que viven bajo estos escenarios. Por ello, tenemos la responsabilidad de actuar colectivamente para reducir y remediar nuestro impacto. Así nace el proyecto de baños secos en la Ciénega de González (C.D.G.), Nuevo León, comunidad que alberga una de las zonas de escalada más populares de México y de clase mundial: El Salto.
Durante la temporada invernal, cada año llegan aproximadamente 600 escaladores nacionales e internacionales para probar las rutas icónicas de El Salto. Por un lado, esta afluencia genera una derrama económica importante para la comunidad de C.D.G.; por otro, incrementa el consumo de un recurso de disponibilidad limitada: el agua.
Ante la falta de infraestructura sanitaria, la mayoría de las viviendas en la comunidad utilizan fosas sépticas. El problema es que, cuando estas no tienen un mantenimiento o instalación adecuada, pueden generar filtraciones con riesgo de contaminar el principal abastecimiento de agua: los pozos subterráneos.
En los últimos años, la sequía ha provocado una baja disponibilidad en los pozos. Como consecuencia, algunos vecinos han tenido que acarrear agua desde fuentes río arriba y, en otros casos, se han visto orillados a abrir pozos irregulares. Con cada visita, la presión aumenta. Una sola descarga de baño utiliza aproximadamente 6 litros de agua para arrastrar residuos; multiplicado por los cientos de visitantes anuales que recibe El Salto, el impacto se vuelve considerable.
Una posible solución comenzó a idearse de forma paralela entre varios integrantes de la comunidad escaladora: un baño que no utilizara agua, es decir, un baño seco.
Esta ecotecnología, también conocida como ecotecnia, consiste en un sanitario que separa los residuos sólidos de los líquidos. Su funcionamiento es simple: cuando ambos tipos de residuos se combinan, se genera descomposición bajo altas concentraciones de urea y otros líquidos, lo que favorece malos olores y condiciones de riesgo para la salud. Sin embargo, al mantener los residuos sólidos en estado seco, la descomposición no genera malos olores y, con el tiempo y la temperatura adecuada, puede transformarse en composta. Esta tierra puede utilizarse como abono para fertilizar árboles y bosques.
Un grupo de escaladores residentes de la Ciénega puso manos a la obra. En colaboración con organizaciones como Escalada Libre, Global Climbing Initiative y Zenderio, además del apoyo logístico y económico de Pico Norte, Mountain Bites, Hanuman Café, La Choza, La Cueva, Money Hands, Ilhu, Ogachi y Maderería Muva, se lograron reunir los fondos y materiales necesarios para hacer posible el proyecto.
El baño seco se planteó como un piloto de estructura temporal y removible, con el objetivo de que pudiera replicarse en otras zonas de escalada. En conjunto con la comunidad local, se acordó que su ubicación fuera en la entrada del cañón de La Boca, una zona transitada y de fácil acceso para monitorear el baño y darle mantenimiento.
La construcción se llevó a cabo durante un fin de semana de noviembre de 2025. Para mayo de 2026, el baño ya había generado 216 litros de volumen sólido, transformados en 108 litros de composta. Esto equivale aproximadamente a 430 descargas de baño evitadas y a 2,500 litros de agua ahorrada.
El principal reto ha sido el programa de manejo y mantenimiento, ya que requiere acción voluntaria constante, capacitación y compromiso para sostener el proyecto a largo plazo. Sin embargo, gracias al esfuerzo logístico y colaborativo entre escaladores, patrocinadores y organizaciones, el piloto se ha mantenido activo.
Este proyecto continúa brindando información valiosa sobre cómo replicar la iniciativa dentro de la comunidad y llevarla hacia otras zonas de escalada. Esfuerzos como este son necesarios para demostrar nuestro compromiso con el deporte, las comunidades que nos reciben y los entornos naturales que habitamos.
Aunque este tipo de acciones no solucionan el problema por completo, sí proponen alternativas concretas y replicables. También demuestran que es posible cambiar poco a poco, especialmente cuando existe colaboración y una visión en común: disminuir nuestro impacto y cuidar las montañas





Texto original: Diana Velázquez
Corrección de estilo: Jacobo Jasso
Fotografía: Alejandro Cepeda










